Lección Nº1 "La interpretación apocalíptica"


"¿Y quién proclamará lo venidero, lo declarará, y lo pondrá en orden delante de mí, como hago yo... No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije?... No hay Dios sino yo."

Si el deseo de Dios es que todos "obtengan el conocimiento de la verdad para ser salvos" (1 Ped. 2:4-Luc. 1:77) ¿por qué no lo proporciona ya? Dicho de otro modo: si la forma en la que Dios nos salva es revelándose a sí mismo a nosotros, ¿por qué no se nos revela ya plenamente ahora? Preguntémoslo aún de otra manera, ¿por qué no ha hecho Dios la Biblia, con sus profecías, parábolas y símbolos, más asequible al entendimiento?

 

Es cierto que la Biblia es tan sencilla que un niño la puede comprender. Pero siendo así, ¿por qué existen cientos de denominaciones que van en direcciones opuestas, cada una de ellas con sus propios expertos en griego y hebreo? De hecho, hay muchas denominaciones que no leen libros como Ezequiel, Daniel y Apocalipsis. Los encuentran demasiado difíciles. No; la Biblia no está escrita de una forma simple. ¿Nunca habéis oído a nadie deciros: ‘es demasiado complicada’, o ‘puedes hacer decir a la Biblia no importa el qué’?

¿Por qué fue escrita la Biblia de la forma en que fue escrita? La Biblia está repleta de aparentes contradicciones. En Gálatas leemos: ‘el justo vivirá por la fe, sin las obras’, ‘somos justificados por la fe’; Santiago dice que ‘somos justificados por las obras’. Pablo dice a los Romanos que ‘a aquel que no obra…’; a los Filipenses les dice ‘ocupaos en vuestra salvación’. Pedro dice ‘procurad la leche espiritual’; Pablo dice ‘desechad la leche espiritual: es el momento de la vianda firme’. Éxodo dice que ‘Dios no justificará al impío’; en Romanos 4:5 leemos que Dios ‘justifica al impío’. En Mateo 5 leemos que Dios ama a sus enemigos; En Salmo 5:5 leemos que Dios ‘aborrece a todos los que obran iniquidad’. En dos lugares de la Biblia leemos que Abraham recibió las promesas; en otros dos lugares leemos que murió sin recibir la promesa. Cuando los discípulos sugirieron a Jesús hacer descender fuego del cielo, para destruir a ciertas personas con las que no simpatizaban, Jesús les dijo ‘no sabéis de qué espíritu sois’; en otro lugar, Jesús dice ‘he venido a encender el fuego’. En un lugar dice ‘nunca te dejaré ni te abandonaré’; en Isaías 54:7 dice, ‘por un pequeño momento te dejé’. ‘Si no fuereis como niños, no entraréis en el reino…’; Efesios 4:14: ‘que ya no seamos niños’ (también en Hebreos 5), etc.

El lector superficial ve contradicciones en todos los sitios. Incluso nosotros, a veces, nos sentimos tentados a pensar que el problema está en la forma en la que Dios hizo escribir la Biblia. Si fuese como las 27 creencias fundamentales: al principio un índice de contenidos, todo organizado sistemáticamente, los eventos del tiempo del fin en una sección, la justificación por la fe en otra, todos los temas ordenados y claros, sin parábolas ni contradicciones, enigmas, rompecabezas, símbolos, códigos… todo claro y asequible a la comprensión de cualquiera, no habría discusiones, pensamos. Hay muchas personas sinceras y honestas que quieren verdaderamente conocer la enseñanza, y parecen no poder. A veces nos gustaría preguntarle al Señor por qué no lo ha puesto más fácil, por qué no nos ha mostrado más claramente quién es él, y en qué consiste su plan. Seguramente me podríais dar una larga lista de razones por las cuales Dios lo ha hecho así, pero hay una razón muy importante por la cual Dios no puede mostrarnos de una vez quién es realmente. Hay una ley en la física que dice que ‘a cada acción corresponde una reacción equivalente y de signo opuesto’. ¿Qué sucedería si Dios nos mostrase de una vez quién y cómo es? ¿Qué veríamos por contraste, si él nos mostrara de una vez la plenitud de su bondad? Veríamos la plenitud de nuestro pecado. Dios nos va a revelar su carácter en estos últimos días. Diremos como Moisés, ‘Ruégote que me muestres tu gloria [carácter]’. Dios nos enviará su fuego purificador, su bautismo de fuego, que es el derramamiento del Espíritu mostrándonos la verdad en la Palabra, pero no podemos recibirlo todo de una vez. Es por eso que Jesús dijo a los discípulos, "aún tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar" (Juan 16:12). La obra de la iluminación debe ser progresiva, ‘de gloria en gloria’. Proverbios 4:18: "La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto". La revelación tiene que ser progresiva. Dice el Salmo 43:3, "Envía tu luz y tu verdad: éstas me guiarán, me conducirán al monte de tu santidad". Así, la obra de Dios revelándose a sí mismo, tiene que ser progresiva. Sólo puede mostrarnos lo que está en nuestra capacidad ver, y solamente en la medida en la que estamos dispuestos y deseosos de recibirlo. Lo que Dios ha tenido que hacer, por nuestro bien, es velarse a sí mismo ante la humanidad.

Veamos primeramente la forma en la que Jesús se veló, para analizar después la forma en la que la Palabra está velada. La Palabra está velada de forma equivalente a como Cristo estuvo velado al venir a esta tierra en la carne. Se nos dice que cuando Jesús vino a la tierra, veló su divinidad con humanidad... Hebreos (10:20) explica cómo su carne era el velo. Si la divinidad no hubiese estado velada con humanidad, Cristo no hubiera podido habitar entre nosotros sin destruirnos. Cuando dirigimos la atención al servicio del santuario, vemos la divinidad, en el lugar santísimo, sólo a través de un espeso velo que lo separaba del lugar santo. Ese velo se nos dice que era la carne de Jesús. De hecho, la divinidad de Jesucristo estaba tan perfectamente velada, que Isaías 53 dice "no hay parecer en él, ni hermosura". En otras palabras, Jesús no era como lo caracterizaban los pintores italianos. Jesús no atraía a las personas debido a su aspecto exterior, sino por lo que hacía y decía. La forma en la que la divinidad se revelaba es viviendo la vida del Padre en la carne. Mediante sus actos y palabras, Cristo reveló progresivamente al Padre, con la plena revelación en el Calvario, y esa es la razón por la cual sucedió allí algo muy simbólico: el velo se rasgó. El resultado es que podéis mirar el lugar santísimo, en el Calvario: Podéis mirar la justicia y la misericordia besándose, como en el propiciatorio del lugar santísimo. El propiciatorio estaba situado sobre las tablas de la ley, en el lugar santísimo.

Pero incluso si el velo se desgarró en el Calvario, incluso teniendo presente que podemos mirar el lugar santísimo en el Calvario; en realidad, sigue velado, porque vosotros y yo miramos el evento, pero ¿lo comprendemos?

Y así, Dios ha velado la Palabra de una forma similar. En Juan 1 vemos cómo el Verbo fue velado en la carne, y así está velada la Palabra. Dios la debe revelar de forma gradual, progresivamente. No nos la puede mostrar de repente en su plenitud. Cierto día comencé a comprender la razón por la que hay tantas aparentes contradicciones: Es la única forma en la que Dios puede hacer que no lo veamos tal como él es, de repente. Dios pone algo así como niebla delante de ciertas verdades, en lugar de hacerlas obvias e inmediatas. Ha hecho que la Biblia sea algo así como un puzzle, de forma que algunos fragmentos están puestos del revés, o bien escondidos bajo otros fragmentos, o bien codificados en forma de imágenes o símbolos. Mucha gente se aproxima al puzzle, encuentra una pieza, luego otra, les resulta pesado continuar el proceso de investigación y claudican, pensando que Dios no debe preocuparse por nosotros, ya que no nos ha dado mayores facilidades para que conozcamos claramente su amor.

Jesús tuvo que actuar de forma similar: debió ir revelando al Padre ‘un poquito aquí, otro poquito allí’. Tenía que hablarles en parábolas, a veces tenía que aparentar desprecio o despreocupación para probar la fe de las personas. En lo profundo debía estar anhelando ardientemente revelarse a sí mismo, pero no podía, lo mismo que José estaba deseoso de revelarse tal como era ante sus hermanos. José ‘hizo como si no conociese a sus hermanos, y hablóles ásperamente’ (Gén. 42:7), se veló ante sus hermanos, y la forma en la que lo hizo fue actuando de una forma que no era la propia de su carácter, y lo hizo para velarse, de manera que cuando sus hermanos atravesasen el velo para verlo tal como él era, experimentasen un proceso de profundo auto-escudriñamiento en el que todo su pecado saliese a la superficie. Para posibilitar ese atravesar el velo, José les daría pequeños indicios: situar por orden de edad a los hermanos, dar una ración extra a Benjamín…

José es el tipo de la obra del juicio. Dios hace en esencia algo equivalente. Está deseoso de revelarse tal cual es, y muestra indicios, mediante Jesús...

Leemos en algún lugar, y nos da la impresión de que Dios no se preocupa demasiado de nosotros, la Biblia se nos hace aburrida, la dejamos de leer por un tiempo... Pero en estos últimos días, Dios va a reunir ese puzzle ante nuestros ojos, y desaparecerán todas las contradicciones aparentes, porque comprenderemos que muchas de las cosas escritas no son literales, sino simbólicas o metafóricas...

Es hora para el pueblo de Dios en estos últimos días, de comprender lo que no pudieron discernir las generaciones anteriores: que la perla de gran precio es comprender quién es Dios, y en qué consiste el gran plan de la redención, tal cual está revelado en su Palabra. Leed algún día los primeros nueve capítulos de Proverbios, que constituyen su introducción: allí donde Salomón describe la sabiduría, inteligencia, discernimiento y conocimiento como personalización de Cristo, y dice que eso es mejor que los rubíes, que es aquello por lo que vale la pena cavar. El tesoro escondido en el campo es eso. En la última generación, Dios tendrá un pueblo que finalmente ama la verdad, y que como Job la desea más que su comida diaria. Cree que es Espíritu y es vida. Cree que todo el poder del universo está en la Palabra de Dios, para efectuar esa obra de purificación.

Así, comenzarán a ordenar el puzzle. Dice Isaías 28 que será ‘línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá’. Comenzarán a cavar profundamente aquí y allí. Como dice 1 Corintios 2, ‘acomodando lo espiritual a lo espiritual’, y verán que la forma en la que Dios compuso la Biblia, con todas esas pequeñas piezas aquí y allá, es ocultándolas en el campo, no porque no las quiera revelar, sino por causa de nosotros.

Daremos un ejemplo: La destrucción eterna por el fuego. Apocalipsis 14, cuando presenta el mensaje de los tres ángeles, refiriéndose al último, dice, ‘los que tienen la marca de la bestia serán atormentados en la presencia del Cordero y de los santos ángeles, y el humo del tormento de ellos sube para siempre jamás’. Hay muchos otros pasajes que hablan también del fuego que no se apaga, y parecería evidente que Dios va a torturar por la eternidad. Hay muchas almas sinceras, fuera de nuestra Iglesia, que creen que negamos las Escrituras al no aceptar la doctrina del tormento eterno, cuando en realidad, lo que Dios ha hecho es quitar las llaves de esos pasajes, y en lugar de ponerlas justamente a continuación de esos pasajes, de forma que en una lectura sistemática y exegética pudiese aclararse la verdadera enseñanza bíblica sobre el "infierno", las ha situado en otros rincones, de tal manera que solamente aquellos que tienen hambre y sed, y ‘quieren hacer su voluntad, conozcan de la doctrina’, como dice en Juan 7:17. Así, encontramos en Éxodo la explicación de que "eternamente" es un término relativo a la vida del esclavo que sirve "eternamente" a su señor. También Samuel, sirviendo en el templo "por siempre", Judas 7, etc. Lo que quiero ilustrar es que esos textos no están allí, a continuación de lo dicho sobre el fuego eterno en Apocalipsis. Es solamente cavando y cavando, y ensamblando esas piezas, como nos damos cuenta de que ese texto toma un significado nuevo, que a su vez afecta a otros relacionados, y así sucesivamente, y habéis comenzado un bendito viaje que es el más maravilloso de todos cuantos podéis emprender.

Cuando Dios mira desde el cielo, se pregunta por qué su pueblo no está realizando todavía ese viaje. ¿Acaso no nos ha dado suficiente evidencia? ¿No hemos gustado aún bastante de su bondad y bendición, como para comenzar a ordenar ese puzzle? ¿Cuánto tardaremos aún en exclamar: –Ninguna otra cosa importa, excepto conocerle a él? No es cuestión de que uno tenga que ser el más listo del mundo, ni el más privilegiado en memoria, [ni siquiera ser un experto en griego o hebreo]: si creéis que os ama tanto que os promete que ‘si alguien carece de sabiduría, demándela a Dios, quien da abundantemente y no zahiere’, si creéis que esa promesa es para vosotros y os arrodilláis y le pedís: –‘¡Señor, haz que te conozca!’, él abrirá vuestros ojos.

En la última generación, sucede algo que no ha tenido lugar hasta entonces: Hay un velo que desaparece totalmente, y un pueblo lo ve tal cual es, antes de la segunda venida. El pastor A.T. Jones dijo cierta vez que no tenemos que temer el fuego eterno, ya que cuando lo enfrentemos estaremos ya acostumbrados a él, al haber morado con él previamente.

A medida que el pueblo de Dios pasa por ese proceso, al creer en la promesa de Jesús de que ‘conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres’, esa verdad, ese fuego, ese mismo fuego que Jesús dio a los discípulos en Emaús cuando éstos comenzaron por fin a ver las dimensiones de la cruz y exclamaron
–‘¿Acaso no ardía nuestro corazón dentro de nosotros?’, y pasaron por una purificación que es por la que pasará su pueblo de los últimos días.

Cuando pasemos por ese fuego, y le permitamos hacer su obra en nosotros, Dios enviará ese fuego al mundo, su propia Palabra. Hay muchos textos que identifican el fuego con la Palabra, en los últimos días. Cuando Dios me muestra la viga que hay en mi ojo, y cuando Dios nos muestra que Laodicea está aún muy lejos de donde podría estar, entonces contemplo esa armada de fuego en Joel capítulo 2: Allí nadie oprime a los demás, sino que todos avanzan en perfecta uniformidad, en un esfuerzo unido. Sin duda se trata de la respuesta a la oración de Jesús en Juan 17, esa oración sacerdotal, esa oración intercesora que será contestada en la culminación del día de la expiación: Que seamos uno, de la misma manera en que Cristo y su Padre son uno, para que todo el mundo pueda verlo. Cuando veo esa profecía y lo comparo con mi propia vida, tengo una lucha para creer que eso es posible. Pero a medida que Dios me muestra más y más profundamente las buenas nuevas, mi esperanza toma aliento, mi fe resulta reanimada, y cuando veo a personas que realmente están interesadas en la palabra de Dios e investigan aquí y allí, porque están hambrientos de la Palabra, y cuando veo que eso está sucediendo en todos los lugares del planeta, alabo a Dios y le pregunto: –¿Ha llegado el momento? ¿Va a ser derramada la lluvia tardía? (Tony Phillips).

 

Para concluir, veamos dos aspectos más acerca de la interpretación profética-bíblica.

Como sabéis, ha habido muchas discusiones en el seno de la Iglesia Adventista, y también con otras denominaciones, y seguramente en la esfera individual también habéis tenido problemas al intentar compartir el mensaje adventista con otras personas que no eran creyentes. Quizá habéis argüido con textos bíblicos para intentar probar la validez de los principios que estabais presentando. Y habréis encontrado seguramente personas que quizá conocían sus biblias, y esas personas os han respondido con sus propios textos bíblicos.

Así que, os encontráis que vosotros tenéis vuestros propios versículos probatorios de vuestros puntos de vista, y los demás tienen también los suyos, según ellos.

Para comprender bien el mensaje adventista hay que tener un fundamento hermenéutico sólido. Si os pregunto hoy cual es vuestro principio de interpretación al abrir las Escrituras, ¿qué responderéis? A menos que tengáis un principio hermenéutico, es decir, un principio de interpretación, podéis tropezar sobre muchísimos textos, igual que sucede en matemáticas o en física, donde se formulan razonamientos para comprender fenómenos. Si no encontráis la fórmula, va a ser muy difícil que lleguéis a una conclusión útil o válida. Así que quiero presentaros cuál es mi conclusión en cuanto a cuál es el principio al que debemos recurrir para interpretar las Escrituras correctamente. Este principio de interpretación se puede resumir en una sola palabra: ÁGAPE. Aunque no lo parezca, esto es muy, muy importante.

He visto muchísimas y acaloradas discusiones entre adventistas con Biblia en mano, y me he dado cuenta de que la razón por la cual continuaba habiendo diferencias, es porque no hemos puesto sobre la mesa este principio de interpretación, es decir, el ágape. Creo que todos conocéis cuál es el significado de esta palabra griega (amor), y creo que conocéis cuál es esta clase de amor desprovisto de todo egoísmo. Es el tipo de amor divino caracterizado por la condescendencia. No es natural en ninguno de nosotros. No lo heredamos. Es un don...

Si tuviese que escribir algo, escribiría esto a continuación de la palabra ágape: CONDESCENDER.

En vuestra mente, después de escuchar esto, cuando estéis solos, al sacar conclusiones acerca de lo que habéis oído aquí, quiero que recordéis que no solamente el ágape es un tipo de amor que no busca lo suyo, que está absolutamente desprovisto de todo egoísmo, sino que también es un amor que se rebaja, que se humilla, que se anonada. (William Brace) (Deseáis experimentar el ágape cuando estudiáis o enseñáis las profecías a los demás. Daniel lo hizó, entendió ese principio y Dios respondió. [Dan.10:12] ).

 

Veamos ahora el punto de vista del pastor Waggoner. Aunque en su comentario se está refiriendo a la Epístola a los Romanos, el principio es de aplicación universal.

El relato inspirado nos asegura que en casi todas las epístolas de Pablo hay "algunas [cosas] difíciles de entender" (2 Ped. 3:16)... Pero su comprensión no es algo imposible, excepto para "los indoctos e inconstantes".

Observa que son solamente los que tuercen "también las otras Escrituras" para su propia perdición, los que malinterpretan la enseñanza de Pablo. Los que tienen el deseo de comprender, y que leen las sencillas promesas de la Biblia con provecho, no se encontrarán entre ellos.

Al abordar el estudio de cualquiera de casi todas sus epístolas, te dará ánimo recordar que se trata simplemente de cartas dirigidas a diferentes iglesias, o a personas. Nada hace suponer que las congregaciones en las iglesias fuesen diferentes del gran cuerpo de los cristianos en general. Leemos acerca de ellos que "no sois muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles" (1 Cor. 1:26). Los verdaderos seguidores de Jesús se han encontrado siempre entre la gente común. Así, en todas aquellas iglesias debió haber tenderos, artesanos, obreros, carpinteros, jardineros, etc., así como muchos siervos de familias de ciudadanos ricos, y unos pocos que ostentaran una posición elevada. Cuando consideramos que se esperaba confiadamente que ese tipo de personas comprendieran las cartas, podemos sentirnos animados a creer que lo mismo ha de suceder hoy.

La exhortación y aseveración de Pablo a Timoteo constituye la mejor guía para estudiar cualquiera de sus epístolas, y la Biblia en su totalidad: "Considera lo que digo; y el Señor te dé entendimiento en todo" (N.T. Interlineal: "el Señor te dará entendimiento en todo"). Dios es su propio intérprete. Son las palabras de la Biblia las que explican la Biblia. Es por ello que conviene preguntarse una y otra vez qué es lo que quiere decir exactamente el texto, en relación con lo que lo precede y lo sigue.

Que su estudio... te suponga una gran bendición, y que la Palabra llegue a serte aún de mucha mayor estima, debido a la luz creciente que el Espíritu Santo haga brillar a partir de ella, es mi ferviente oración. (Ellet J. Waggoner-D.A)

 

(Selección, D.A.)
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